El origen del nombre «algarrobo» se remonta a la época colonial cuando los españoles observan en este árbol, conocido como «tacco» en quechua, algunas cualidades parecidas a las del «algarrobo europeo» (Ceratonia siliqua).
Hoy se sabe que el ALGARROBO fue utilizado desde épocas prehispánicas, gracias a los hallazgos de Antonio Raimondi, quien en uno de sus viajes encontró representaciones de deidades preincas talladas en la madera de esta especie.
El ALGARROBO es considerado «un regalo de Dios» por los pobladores del norte del país. Y es que a pesar de crecer en las zonas más áridas, usando mínimas cantidades de agua, ofrece múltiples beneficios de gran importancia para la región.
Este árbol tiende raíces muy profundas que una vez que encuentran una fuente de agua subterránea, no requiere de más lluvias para subsistir. A su vez, un ALGARROBO en pie garantiza la existencia de otras especies afines y el desarrollo de una serie de actividades económicas, además de minimizar el avance del desierto.
Sin embargo, con el tiempo se ha acentuado un grave problema: la tala del ALGARROBO para usarlo como leña y carbón. Esto acelera la desertización y origina la salinización del suelo debido a la napa freática que asciende a la superficie.
No obstante, el fenómeno de El Niño de 1997-1998 regeneró cientos de miles de hectáreas de bosques de ALGARROBO, por lo que su conservación es una tarea pendiente en la que todos debemos colaborar.
El ALGARROBO es un árbol de tronco grueso, ramas retorcidas, copa frondosa, menudas hojas y abundante inflorescencia, que crece de manera silvestre en la costa norte del Perú hasta los 1,500 msnm. Sin embargo, en zonas donde escasea el agua y el terreno es infértil, el ALGARROBO desarrolla como arbusto.
Aunque es poco frecuente hallarlo en el sur del país, se sabe que en el departamento de Ica existen pequeños bosques de ALGARROBO.
La prosopis Pallida (algarrobo) es un árbol de 10 metros oriundo de Perú que tiene una gran importancia en el ecosistema, siendo quizás el árbol con mayor relevancia debido a que actúa como protector frente a los rayos UV, a la vez que como sustento de varias especies de insectos y aves que lo necesitan para su supervivencia.
Más allá de su importancia biológica, éste es de gran interés para la población, ya que regula la temperatura del ecosistema en el que se encuentra permitiendo así controlar los cambios fenomenológicos, como los del Niño en un país donde los desastres naturales azotan de manera devastadora a la población peruana.
Esto sucede especialmente en la parte del Norte de Perú y en las zonas más vulnerables. Este fenómeno está siendo recurrente y más seguido que antaño y una gran culpa de ello es la reducción de este árbol emblemático del Perú.
En los últimos años han ocurrido diferentes eventos climáticos, antrópicos y especialmente plagas que han venido reduciendo la salud del algarrobo en el Perú. Esta especie es la base del ecosistema desértico en el norte del país, sobre todo, en los departamentos de Lambayeque y Piura.
Según la Dra. Juarez (2018), “se ha determinado que un pequeño díptero llamado Enallodiplosis discordis, perteneciente a la familia Cecidomyiidae, es la principal causa de la mortandad de algarrobos”.
La larva de este díptero absorbe la savia de las hojas hasta secarlas, para luego caer; esto conlleva que las plantas, en un lapso de 3 a 7 años, mueran.
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