Características del aguaymanto

Presenta flores amarillas en forma de campanas, con corolas campanuladas de color morado marrón. Los frutos son bayas de color naranja-amarillo de forma globosa y de 1.5-2 cm de diámetro con un sabor peculiar agridulce de buen gusto, protegidos por un cáliz no comestible de textura papirácea.

Hay plantas que, para poder disfrutarlas, debes de ponerlas sí o sí en el suelo, pero hay otras como el Physalis peruviana que crecen también perfectas en macetas. Lo más interesante de esta especie es que sirve tanto como ornamental como comestible, por lo que sin duda es una de esas que no pueden faltarte.

Los cuidados que necesita no son complicados; de hecho, no te será nada difícil mantenerla en buen estado de salud.

Origen y características

Se trata de una planta herbácea de porte arbustivo conocido como aguaymanto, uchuva, uvilla o ushun que pertenece a la familia botánica Solanaceae. Es originaria de América del Sur, especialmente de Perú, que es de donde le viene el apellido (peruviana); sin embargo, a día de hoy también se cultiva en África, Asia, y en cualquier zona que goce de un clima templado y/o cálido.

Alcanza una altura de hasta 1 metro, con ramas muy ramificadas de las que brotan hojas de color verde. Sus flores tienen forma de campana, son amarillas y aparecen en primavera. El fruto es una drupa de unos 1,20 a 2cm de diámetro, amarilla-anaranjada y con un sabor dulce.

Physalis peruviana es una planta de crecimiento rápido, que en la naturaleza crece normalmente apoyada en otras plantas y ese hábito es en el cultivo algo problemático. Por lo tanto, en cultivos, la planta no puede ser plantada libre, sino que requiere un apoyo. Para este propósito se puede instalar cables de apoyo a ambos lados de las hileras de plantación (38). Con apoyo, las plantas pueden alcanzar un altura de hasta 2,5 m. Normalmente, algunos ejes adquieren dominantes y suprimen la ramificación de otros. La mayoría de las plantas desarrollan 4 ó 5 ejes en cultivo. Con la poda y variación de la densidad de plantación se puede influenciar el crecimiento de la planta. Frecuentemente, las plantas reciben una poda profunda después de la primera cosecha, con el objeto de alcanzar una producción optima de frutos y de simplificar los cuidados culturales. Un estudio africano mostró que una aplicación de ácido giberélico (GA3) bajo condiciones de invernadero afecta positivamente la productividad. El tratamiento de las plantas con 100 ppm GA3 una semana después de la plantación lleva a un aumento significativo en el número de frutos (303 por planta), a una ramificación más profusa y a plantas más grandes.


Para la investigación de la influencia de la altitud en la cantidad y calidad de frutos, dos ecotipos diferentes fueron cultivados a dos altitudes diferentes (2300 y 2690 msnm). En el lugar de menor altitud se muestra un incremento notorio de beta-caroteno y un incremento pequeño en alfa-caroteno y betacriptoxantina. La altitud no tuvo influencia en el contenido de vitamina C ni en el contenido de los ácidos orgánicos estudiados. Con mayores altitudes se pudo mostrar una disminución en la producción de frutos, principalmente debido a un menor número de frutos. Asimismo, el tiempo necesario para el desarrollo de los frutos es más corto a menor elevación, así como aumenta la formación de sacarosa y la proporción de materia seca en el fruto. La producción de glucosa y fructosa en el fruto no fueron influenciadas por la altitud.

Labores culturales

La poda en el cultivo de la uchuva es una de las prácticas más recomendadas porque tiene efecto sobre el tamaño del fruto, mejora la arquitectura de la planta y ayuda en la efectividad del sistema de tutorado. La poda de formación consiste en eliminar los brotes ó chupones que se producen en la base del tallo principal hasta los primeros 40 cm de altura con el fin de disminuir la humedad relativa dentro del cultivo y la presencia de enfermedades. La poda de mantenimiento ó sanitaria es la más importante y consiste en remover ramas secas, viejas y enfermas de la planta con el propósito de disminuir las fuentes de inóculo de las principales enfermedades.

Las plantas de uchuva se deben sostener mediante tutores y amarres debido a que cuando están en producción alcanzan demasiado peso, ocasionando volcamientos y ruptura de ramas. El sistema más utilizado es el que permite la formación de la planta en “V”, que facilita la disponibilidad de la luz y favorece la aireación del cultivo. La fertilización en plena producción se realiza cada dos meses, aplicando 200 g de 10-30-10 al suelo. Bajo condición orgánica se mantiene con abono compost cada dos meses.

Plagas y enfermedades

La pulguilla (Epitrix sp.) es un abejoncito de la familia Chrysomelidae, de apenas 2 mm de longitud, que ocasiona daños en la lamina de las hojas, las cuales consisten en pequeños orificios ó perforaciones. La mosca blanca (Trialeuroides vaporariorum) se localiza en el envés de la hoja, encontrándose desde huevos hasta adultos. El daño consiste en que la mosca chupa la savia para su alimentación, pudiendo transmitir algún virus.
El desarrollo del cultivo permite por sí mismo mantener un buen control de malezas. Se recomienda cosechar y destruir los frutos afectados por la plaga. Una de las enfermedades más común es la Alternaria sp., esta se presenta en el campo afectando las hojas más viejas. Se inicia con pequeñas manchas de color negro que coalescen (se unen) hasta necrosar la hoja.


Producción

El período útil de producción de la planta es de nueve a once meses desde el momento de la primera cosecha. A partir de ese momento disminuye tanto la productividad como la calidad de la fruta. La literatura reporta un rendimiento promedio estimado entre 14 y 18 t/ha. Es recomendable conservar la uchuva en su cápsula, ya que su remoción afecta significativamente el aspecto del producto y su conservación durante el almacenamiento.

Cosecha y rendimiento

Los frutos son cosechables cuando el color del cáliz pasa de verde a dorado-café, normalmente después de un período de desarrollo de 60—80 días. El peso del fruto sigue subiendo durante todo el período de desarrollo y maduración. Bajo buenas condiciones de cultivo, los frutos más grandes se obtienen en la primera cosecha. También la más alta cantidad de frutos se alcanza en la primera cosecha. La cosecha de una planta individual puede elevarse hasta 300 frutos. Los rendimientos de cosecha son altamente variables, especialmente dependiendo de los cuidados culturales realizados. En cultivos bien cuidados se puede obtener hasta 20 t/ha. La cosecha comienza siete a nueve meses después de la siembra.

La cosecha se realiza, dependiendo de las condiciones climáticas en la región andina, entre marzo y junio. La cosecha se realiza en forma sucesiva, con una recolecta de bayas cada dos a tres semanas. A diferencia de la mayoría de las bayas, los frutos maduros pueden permanecer en la planta algunas semanas sin que se deterioren ni caigan. Una cosecha mecanizada (con máquinas cosechadoras) de los frutos no es técnicamente posible. Además, sólo la cosecha manual asegura una obtención de frutos con el cáliz sin daño, el que es decisivo para su buena comercialización. Se recomienda colocar mallas plásticas debajo de las plantas durante la cosecha con el objeto de facilitar las labores de colecta de frutos y evitar su contacto con el suelo.

Poscosecha

Los frutos cosechados se pueden almacenar por un tiempo relativamente largo, pero siguen madurando después de la cosecha. El proceso de maduración lleva, incluso cuando el fruto todavía está en la planta, a un notorio aumento en CO2 y en la producción de etileno, así como a un desfase en los perfiles de pectinas y, con ello, a un ablandamiento estructural del fruto. La producción de etileno varía fuertemente en diferentes cultivares y dependiento del estado de madurez del fruto. Además, hay indicaciones que la producción de etileno varía de acuerdo con la temperatura del ambiente. En experimentos se muestra que la concentración de etileno es mayor en cosechas estivales que en cosechas invernales (cultivo en Argentina).


A través de la aplicación de etilenoantagonistas (1-metilciclopropeno), se retraza el comienzo de la producción climática de etileno en frutos verdes inmaduros y frutos verdes maduros, dependiendo de las dosis de aplicación, y en frutos amarillos o anaranjados maduros se logra disminuir la concentración. El tratamiento con 1-MCP no impide el proceso de pudrición de los frutos durante el almacenamiento, pero reduce la frecuencia. Por otro lado, se ha podido mostrar en otros frutos que, a través de un tratamiento con el regulador de crecimiento Ethephon previo a la cosecha, se puede incrementar la solubilidad de las pectinas.

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