Se la conoce como ágave del dragón, ágave atenuado o cuello de cisne, y es una planta endémica de Jalisco, en el este de México. Puede alcanzar una altura de hasta 150 centímetros, con un tallo que con el tiempo se queda visible, a medida que las hojas van cayendo. Estas se disponen formando rosetas, y son ovadas, de color gris a amarillo-verdoso, y con un tamaño de 70cm de longitud por 12-16cm de ancho.
Las flores se agrupan en racimos amarillo-verdosos y llegan a medir los 3 metros de altura. Tras marchitarse, al igual que le ocurre al resto de ágaves, el ejemplar se muere, por lo que esta especie se considera que es una planta monocárpica. Sus frutos son cápsulas, pero no se suelen ver pues tienen tendencia a caer antes de terminar de madurar.
Cuidar del Agave attenuata es muy sencillo, ya que casi se podría decir que se cuida solo. Aún así, es importante tener en cuenta sus necesidades para que no surgan problemas:
Es una planta que crecerá mejor en el exterior, en un lugar soleado. Ahora bien, como decíamos al principio, puede tolerar algo de sombra.
Si lo quieres tener en interior, debes de colocarlo en una habitación muy luminosa; es decir, en una en la que veas bien durante el día sin necesidad de recurrir a la luz eléctrica.
El riego será más bien escaso. El Agave attenuata resiste bastante bien la sequía, de modo con unos dos riegos semanales durante el verano y uno cada diez o quince días el resto del año estará bien.
Lo único que debes tener en cuenta es que si tu clima es húmedo, esto es, si llueve con frecuencia y/o si la humedad relativa es alta -por encima del 50%- la frecuencia de riego será menor pues la tierra o el sustrato tardará más tiempo en secarse.
Desde comienzos de primavera hasta finales del verano será muy recomendable abonarlo de vez en cuando -una vez al mes o cada quince días- con un abono para cactus y crasas (en venta aquí) siguiendo las indicaciones especificadas en el envase.
El Agave attenuata se multiplica por hijuelos y por semillas (más raro) en primavera, siguiendo este paso a paso:
Como es una planta del que brotan varios retoños del tallo, se pueden separar cuando tengan un tamaño que permita manipularlos bien. Sepáralos con un cuchillo de sierra previamente desinfectado, y a continuación plántalos en macetas individuales con pómice u otro sustrato arenoso colocadas en el el exterior, en semisombra.
Las semillas se siembran en semilleros (macetas, bandejas de semillero, …) con sustrato para semilleros por ejemplo (en venta aquí). Entiérralas muy poquito, lo suficiente para que no queden expuestas directamente al sol, y riega.
Luego solo quedará colocar el semillero en el exterior, en semisombra, y mantener el sustrato siempre húmedo pero no encharcado. Si todo va bien germinarán en unos 5-10 días.
Quizás alguna cochinilla, pero nada que no se pueda quitar con un pincel empapado en alcohol de farmacia. Eso sí, debes tener cuidado con los caracoles y babosas, pues disfrutan comiendo hojas tiernas.
Las condiciones de cultivo de Agaves son suelos muy drenantes, tipo arenosos o pedregosos e incluso de fertilidad baja. Uno de los factores más sensibles de esta planta es vivir en un suelo encharcado, ya que tiene bastante facilidad por la pudrición.
Para mejorar su crecimiento, se puede incorporar materia orgánica o compost en el hoyo de plantación, aunque no es un requisito indispensable ya que es una planta bastante austera en cuanto a fertilidad.
Crecen en suelos de pH alcalino, calizos y con baja presencia de arcillas.
La reproducción del cactus Agave Atenuata se puede hacer por medio de semillas o por la siembra de retoños producidos por la misma planta o de los bulbillos pequeños que se producen a lo largo del tallo.
Las principales plagas que pueden afectar a esta planta son: el gorgojo hocico del agave, el escarabajo de escamas suaves y el escarabajo de cuernos largos.
Las infecciones del agave incluyen la antracnosis, la podredumbre de la raíz y la corona y la mancha de la almohadilla de Phyllosticta. Estas infecciones son causadas por esporas de hongos que encuentran un hogar en las plantas de agave.
Los hongos se pueden producir por exceso de riego generando pudrición del tallo. También hay que revisar la planta para que no tenga caracoles porque pueden comerse las hojas de la Attenuata.
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