Cuando tus tomateras alcancen una altura imponente, conviene que las sujetes a tutores para evitar que se doblen hacia el suelo. Durante el verano, con los cuidados adecuados, las plantas forman numerosos frutos, por lo que hay que rodrigarlas para que puedan soportar la carga. Utiliza estacas de madera o de plástico para tomateras, bambúes o, incluso, rejillas o espalderas en espiral. Sujeta tus tomateras con rafia o ganchos de fijación especiales (no mediante los piquetes espirales) para proporcionarles suficiente agarre.
Para que la energía de la tomatera se emplee en la fructificación y no en el crecimiento de los tallos, corta regularmente los tallos laterales jóvenes a la altura de la axila de las hojas, ya que son muy extractores de nutrientes. Esta operación —llamada despampanado o deshoje— permite garantizar la buena alimentación de la tomatera y estimular su salud. También favorece el crecimiento de frutos más grandes y una mejor maduración. Tan solo basta con podar los tallos jóvenes aún flexibles pellizcándolos con los dedos. Si los tallos son un poco más antiguos y duros, es aconsejable usar un cuchillo afilado para evitar daños innecesarios en la tomatera. A finales de agosto, también se aconseja pellizcar la punta de la tomatera, además de los tallos laterales, dejando una hoja por encima del último pedúnculo floral. Este desmochado facilita la maduración de los frutos ya formados hasta la llegada de las heladas.
1. Cultívalo en un clima templado. El clima adecuado para el cultivo y desarrollo del tomate depende de forma conjunta de tres factores muy importantes:
– Temperatura. Con la temperatura, el tomate es poco exigente ya que oscila entre los 20ºC y los 30ºC aproximadamente y depende, la mayoría de veces, de la zona climática en general.
– Humedad. La humedad adecuada para el buen desarrollo de la planta del tomate es alrededor del 70%.
– Luz. El tomate necesita de bastante luz para lograr un desarrollo, floración y maduración del fruto adecuados.
2. Plántalo en un suelo que drene bien. El tomate exige de suelos con buen drenaje, de textura suelta y un poco arcillosa, pero sobre todo rico en materia orgánica. Esta planta tolera muy bien la elevada salinidad de algunos suelos y riegos.
3. Abónalo en suelos con CO2. El abonado en el tomate necesita de altas cantidades de CO2 para acelerar el crecimiento de la planta. También debes saber qué abonos y fertilizantes elegir, pues de ello depende la calidad del fruto y la producción del mismo, así como para lograr una planta sana y fuerte. Puedes aplicar CO2 al cultivo de tomate con quemadores de gas propano o distribuidores de CO2.
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