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Antes de pasar a hablar de cómo germinar semillas en casa, hay que aclarar que hay unas pocas condiciones generales a tener en cuenta para que las semillas germinen. Esto es lo que necesitas para germinar una semilla:
Algunas semillas pueden plantarse en prácticamente cualquier época del año, especialmente si lo hacemos en interior, pero otras, en cambio, no pueden ser plantadas en cualquier momento. Presta atención a la especie de planta que vas a cultivar y a su época de siembra óptima. Busca la información en Internet, libros o bien pregunta directamente al profesional del lugar en el que adquieres las semillas y los materiales para trabajar con las plantas.
Esto es especialmente importante en plantas de exterior o zonas expuestas al clima local: no querrás que tus semillas no germinen, o peor aún, que lo hagan y mueran poco después por el exceso de frío o calor.
La gran mayoría de semillas pueden germinarse sin problemas con un pequeño semillero o incluso un simple tarro. Sin embargo, hay semillas que producen una especie de gel o mucosidad al germinar: son las llamadas mucilaginosas. Este mucílago retiene mucha humedad y, si la semilla no se airea adecuadamente, provocará que acaben pudriéndose. Algunos ejemplos de semillas mucilaginosas son la albahaca, la mostaza, la rúcula y la chía.
Para germinar este tipo de semillas necesitaremos germinadores, que podemos hacer nosotros mismos o adquirir. Aquí puedes aprender más sobre Cómo crear un germinador.
Germinar semillas en un germinador o maceta, así como en un semillero, es muy sencillo. Pero en estos últimos casos, la mezcla de sustrato que usemos será vital. Una vez más, depende de cada tipo de semilla, pero podemos recomendar una mezcla que funcionará de forma excelente en la inmensa mayoría de casos.
Las semillas necesitan habitualmente de una humedad abundante para germinar. Sin embargo, un exceso de esta será tan fatal como la sequía, ya que las semillas pueden pudrirse o verse atacadas por hongos. Es necesario que controles los niveles de humedad en tus semilleros, tarros o macetas y que no dejes que se encharquen.
El problema suele venir cuando tomamos consciencia de que, en los huertos urbanos, el espacio es limitado. Quizá teníamos intención de cultivar determinadas variedades de tomate, pero carecemos de los macetones necesarios para ello. Crear un listado con las medidas y calcular los volúmenes de cada uno de ellos nos permitirá saber qué hortalizas podemos cultivar ahí. Puede que tengamos que reducir drásticamente nuestros deseos en función de ello o utilizar otro condicionante para decidir cómo repartir la plantas, como la duración del cultivo o la necesidad real de cada uno de ellos.
A veces olvidamos que podemos llegar a ser autosuficientes cultivando lechugas, mientras que no evitaremos tener que comprar cebollas, tomates o pimientos, a no ser que el espacio no sea una limitación y estemos dispuestos a sacrificar parte de nuestro precioso tiempo en la preparación de distintos tipos de conservas.
En esto no hay dos hortelanos iguales: hay quien prefiere experimentar una gran diversidad de cultivos, mientras que otros desean tener sólo aquellos que más les gustan o, quién sabe, quizás proveerse de variedades de hortalizas poco habituales en tiendas o mercados.
En cualquier caso, siempre hay que tomar una decisión final respecto a qué plantas y en qué número podremos cultivar. Anotar estos datos en un cuaderno nos ayudará a valorar nuestra decisión a final de temporada y a aconsejarnos a nosotros mismos qué cambios deberíamos hacer el año próximo.
Precisamente, la búsqueda de plantel nos llevará a darnos cuenta de un hecho curioso: no existe plantel de determinadas hortalizas, puesto que algunas de ellas soportan muy mal el momento del trasplante. Por ello, se recomienda sembrarlas directamente en la tierra del huerto o del macetohuerto.
Aunque hay algunas excepciones, podríamos decir que por norma se recomienda la siembra directa para todas aquellas variedades de las que consumimos las raíces: zanahorias, rábanos, nabos, remolachas…
Las excepciones son las cebollas y los puerros, que se suelen germinar en semilleros para trasplantarlas posteriormente. Son algo más duras que el resto y soportan el trasplante a la perfección. De hecho, todas las semillas germinarían si las sembráramos directamente en el huerto. La decisión de no proceder así responde habitualmente a la necesidad de forzar la temperatura para adelantar la germinación.
Seguro que en algún momento del cultivo os sorprenderéis con una hortaliza espontánea, que germinará de una semilla olvidada en cualquier maceta o rincón. Lo hará cuando las condiciones ambientales en el exterior sean las más apropiadas para provocar su despertar. Suelen ser unas auténticas supervivientes: plantas fuertes que a menudo aparecen fuera o al final de la de temporada. Guardad las semillas que produzcan estas plantas, puesto que dará nuevas hijas de gran calidad.
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