Cedrela lilloi – C. angustifolia
Es un árbol que puede medir hasta 20 metros de altura, presente hasta 3400 metros. Fue utilizado por los primeros conquistadores españoles para el trabajo de tallado de madera en iglesias, haciendas y casas del Nuevo Mundo. A menudo llamado erróneamente cedro español, en realidad viene de las antiguas colonias españolas. Se pueden ver magníficos ejemplos en el Valle Sagrado de los Incas, no muy lejos de Cusco.
El cedro es uno de los árboles más majestuosos y de mayor porte en los bosques de clima frío de los alrededores de Bogotá. El tronco de los ejemplares maduros es recto y grueso y la copa muy amplia. Sus ramas suelen albergar auténticos jardines de bromeliáceas, helechos y orquídeas. Gracias a estas características, el cedro ha sido apreciado como ornamental y se han conservado algunos viejos ejemplares en fincas y en las plazas centrales de varios pueblos. Sin embargo, son muchos más los que han sido talados, ya que la madera del cedro es una de las mejores, siendo muy empleada en la construcción de viviendas y en ebanistería. Posiblemente las características de la madera fueron las que impulsaron a los conquistadores españoles a denominar “cedros” a estos árboles, aunque no se parecen ni están emparentados con los auténticos cedros (Cedrus spp.) Estos últimos son coníferas (árboles del grupo de los pinos y cipreses) propias de la región Mediterránea y los Himalayas.
El cedro es notable porque es uno de los pocos árboles de clima frío que cada año, durante unas pocas semanas, pierde totalmente sus hojas. Luego de mudar de follaje, empiezan a salir las yemas y el árbol pronto vuelve a estar cubierto de hojas nuevas. En ese momento el árbol se carga, asimismo, de pequeñas flores blanco verdosas, las cuales son muy visitadas por abejorros (Bombus) y colibríes (Lesbia nuna, Metallura tyrianthina). Luego de varios meses, se desarrollan completamente los frutos, el follaje empieza a envejecer y finalmente se cae. Y el ciclo vuelve a repetirse. La dispersión de semillas coincide con la temporada en que el árbol tiene hojas viejas o está desprovisto completamente de follaje. Lo más interesante es que cada ejemplar de cedro tiene su propio período, que se repite todos años más o menos en los mismos meses, pero que a menudo no coincide con el de otros cedros que crecen en las cercanías. Por ejemplo, un noviembre cualquiera un cedro puede mudar, igual que todos los años, de hojas y su vecino, otro cedro, puede estar cubierto con un denso follaje.
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