Las orquídeas u orquidáceas (nombre científico Orchidaceae) son una familia de plantas monocotiledóneas que se distinguen por la complejidad de sus flores y por sus interacciones ecológicas con los agentes polinizadores y con los hongos con los que forman micorrizas.
La familia comprende aproximadamente 25 000 especies (algunas fuentes informan de 30 000), por lo que resulta ser una de las familias con mayor riqueza específica entre las angiospermas. A esta diversidad natural se le suman 60 000 híbridos y variedades producidas por los floricultores.
Las orquídeas pueden ser reconocidas por sus flores de simetría fuertemente bilateral, en las que la pieza media del verticilo interno de tépalos —llamada labelo— está profundamente modificada, y el o los estambres están fusionados al estilo, al menos en la base.1
Las orquídeas constituyen un grupo de plantas de morfología extremadamente diversa. Su tamaño varía desde unos pocos milímetros de longitud (ciertas especies de los géneros y especies Bulbophyllum y Platystele) hasta gigantescas agregaciones que pueden pesar varios cientos de kilogramos (algunas especies de Grammatophyllum) o longitudes de hasta 13,4 m (como Sobralia altissima).23 Del mismo modo, varía el tamaño de sus flores, desde las diminutas del género Platystele —menores de 1 mm— pasando por las grandes flores de 15 a 20 cm de diámetro en muchas especies de los géneros Paphiopedilum, Phragmipedium y Cattleya, hasta los 76 cm de las flores de Phragmipedium caudatum. La fragancia de sus flores no es menos variable, desde el delicado aroma de Cattleya hasta el repulsivo hedor de las flores de ciertas especies de Bulbophyllum.3
Se encuentran en la mayor parte del mundo, excepto en las regiones de clima desértico o polar, si bien son especialmente abundantes en la zona intertropical, donde crecen la mayoría de las especies de flores más vistosas.3
Sus hojas nacen en la base de su tallo y suele haber entre 2 y 6. De color verde intenso, son carnosas y crecen dispuestas muy cerca las unas de las otras. Las orquídeas se caracterizan también por sus raíces bastante gruesas, grandes y numerosas.
Es curioso comentar como las orquídeas son plantas muy aromáticas y como pueden cambiar su olor según la especie. La orquídea Cattleya es una de las que huele mejor y de forma más única, más propia de dicha planta. Sin embargo, hay algunas variedades que desprenden un olor parecido al de otras flores, como a rosas o gardenias. Asimismo, las orquídeas Bulbophylums pueden llegar a desprender un olor muy desagradable, así que evítalas a toda costa.
Años ha, la orquídea era considerada una planta medicinal y era utilizada para diferentes fines. Se decía que curaba la tos, la disentería, la mala digestión, el destemple, el dolor de cabeza, así como desinflama y alivia el malestar producido por la fiebre. En algunas regiones del sur de México todavía se comercializan las orquídeas silvestres con este objetivo.
Muchas personas no saben que la vainilla es también una especie de orquídea, muy utilizada ahora en la gastronomía e industria de cosméticos. Es, curiosamente, la especie de orquídea más cultivada en el globo.
¿Cómo viven las orquídeas?
Las orquídeas son el grupo de plantas que a podido colonizar con más éxito las copas de los árboles y varias de sus adaptaciones más notables están asociadas de manera directa a vivir en la parte más alta del bosque o a su capacidad de establecerse en otros ambientes en donde la disponibilidad de nutrientes es muy baja.
¿Como se reproducen las orquídeas?
Rodeada de mitos y misterio, la orquídea se ha relacionado con el amor y el erotismo desde sus principios. Su nombre viene del griego y significa testículos por los dos pequeños tubérculos (almacenes de alimento) que algunas orquídeas europeas ostentan en sus raíces. De ahí que se le atribuyan propiedades afrodisíacas. Sin embargo su relación con el amor humano es un mito y su verdadera maravilla reside en sus complejas formas de reproducción.
De las aproximadamente 25,000 especies, cada una de las cuales tiene una forma, una fragancia, un tamaño y un color diferente y además de todo esto requiere de un polinizador determinado. Esto representa un grado de evolución sin igual en el reino vegetal. La conformación de los órganos sexuales de cada especie se adapta al instrumento polinizador de una abeja, avispa, colibrí, mosca, mariposa especifica y ningún otro individuo podrá lograr la reproducción de esa flor, ¡ni siquiera un primo cercano!
Las flores primitivas, en términos evolutivos, tales como la rosa o la margarita, no han desarrollado ninguna especificidad en sus relaciones amorosas. Con señalada ligereza se dejan polinizar lo mismo por el viento, la lluvia o la gravedad, como por cualquier insecto feo, guapo, gordo, flaco que ande de paso. La distinguida y discreta orquídea, en cambio, establece relación definitiva y a veces de mutua dependencia con una sola especie. Tan vital es esta relación que si por alguna razón el polinizador de alguna orquídea desaparece la flor desgraciadamente ya no podrá llegar a reproducirse y su especie probablemente se extinguirá
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