Planta herbácea anual que forma matas de hasta 1 m de altura y muy aromática. La raíz es estrecha y presenta un tallo alargado, redondeado, estriado y ramificado en la parte superior. Las hojas en la base son simples, de 2 a 5 cm de largo ligeramente lobuladas mientras que en la parte superior del tallo son pinnadas y más profundamente divididas. Las flores, de 3 mm, son blancas, pentapétalas y surgen en densas umbelas. Los sépalos del cáliz son poco numerosos, mientras que los pétalos son de unos 15 mm de longitud y tienen un margen con unos pelitos pequeños. El fruto es un esquizocarpio oblongo de 3 a 5 mm de largo con un fuerte sabor aromático. Los frutos poseen pelos cortos, sedosos y curvados sobre su cara dorsal convexa. Están comprimidos lateralmente y estrechos en la cima. A menudo están provistos de un fragmento del pedúnculo arqueado. Están formados por 2 mericarpios, cada uno recorrido longitudinalmente por 5 costillas de color más claro. Microscópicamente, se observa que la epidermis presenta numerosas papilas y pelos unicelulares. El endospermo es ligeramente cóncavo en la parte de contacto con el otro mericarpio, y presenta proteínas y aceite esencial. El sabor es dulce.
Otro de los cuidados del anís hace referencia a la temperatura, aunque no es algo que nosotros podamos controlar. Aún así, hace falta recordar que no soporta las temperaturas excesivamente frías. Por esta razón, es una planta de clima cálido y templado con temperaturas de 15 ºC aproximadamente. Tampoco soporta bien las inundaciones o vientos secos.
Una de los cuidados más característicos del anís es el suelo. La planta del anís puede plantarse y cultivarse en cualquier tipo de suelo: ya sea en suelos secos, húmedos, mullidos, calcáreos, arenosos o ligeros, incluso. En el caso de que el suelo sea excesivamente ácido, se le puede añadir un poco de cal.
Por otro lado, hay que prestar especial atención a los minerales, ya que necesita un suelo que sea rico en minerales y materia orgánica con un pH de entre 6,0-6,7 pero sin sobrepasarnos. Además, también necesita un buen drenaje.
Si te estás preguntando cómo regar el anís, debe ser un riego equilibrado, ya que le perjudica tanto la sequía como el encharcamiento. De esta manera, riega con poca agua y de forma regular entre 2 y 3 veces por semana hasta que la planta del anís alcance al menos una altura de entre 6 y 8 cm. A partir de aquí se puede reducir el riego. Si vamos a cultivar el anís también hay que tener en cuenta que los riegos deberán ser más constantes y regulares.
La siembra suele hacerse a finales del invierno, siempre en hileras con una distancia de 20-25 cm entre ellas. Lo que debes hacer es tapar las semillas con tierra, ya que necesitan oscuridad para poder germinar, algo que suele darse a las dos o tres semanas.
En el caso de que vivas en una zona demasiado fría, puedes empezar a sembrar el anís dentro de casa dado que la planta no alcanza su madurez hasta 120 días después.
Como hemos comentado al inicio de este artículo, la planta anís es una planta herbácea que se puede cultivar en maceta o en jardín. Si lo que haces es plantar el anís en maceta ten en cuenta que debe contar con un buen drenaje y una profundidad de 8 cm al menos.
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