Existen dos grandes tipos de mulch: el orgánico y el inorgánico. “Entre estos dos se incluyen variedades diferentes. Ahí cada uno debe encontrar cuál es la que mejor se adapta a su suelo, clima o al tipo de planta que queremos cultivar”, dice la creadora del Jardín de Irene.
“Más allá de proteger del suelo, que es lo más importante, cuando este tipo de mulch se descompone también tiene propiedades fertilizantes”, explica. Eso significa que al degradarse enriquece al sustrato y lo hace más nutritivo para las plantas que habitan en él. Los clásicos mulch orgánicos son:
“Son una muy buena opción en terrenos con pendientes, alrededor de las bajadas de agua”, dice Borchers. “Pueden hacer que un lugar como un macizo floral se vea más limpio y atractivo”. Las alternativas más conocidas son las piedrecillas y rocas, además de distintos tipos de gravas, gravilla o ladrillo triturado, entre otros.
Capa de materia orgánica suelta, que se utiliza para cubrir el suelo en huertos, árboles frutales, macizos florales, etc.
El Mulch protegerá a las raíces del frío en invierno, y permitirá una mayor retención de humedad durante el verano. El generar un manto de corteza reduce la evaporación del agua (prolonga la humedad) evita la proliferación de hierbas no deseadas y da una mejora estética a macetas o suelos cultivados.
Mezclado en el sustrato mejora drenaje, aireación, da estructura y nos ayuda a dar porosidad a la mezcla.
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