La planta de alfalfa es altamente adaptable a las diferentes condiciones de cultivo y clima, y muestra una gran tolerancia al verano. Esto se debe a su sistema de raíces, que puede ir hasta una profundidad de 15 a 30 pies (4,5 a 9m), en búsqueda de agua y nutrientes. La longitud media de la raíz es de 4 a 5 pies (1,2 a 1,5m). La parte superior de la planta es más corta en comparación con el sistema de raíces. La altura de la planta oscila entre 2 y 4 pies (60 y 120cm). La planta de alfalfa crece en suelos bien drenados, ya que los suelos húmedos promueven el desarrollo de varias enfermedades.
Se debe plantar a principios de otoño en climas templados o calurosos y durante la primavera si el territorio es frío.
Para que la Alfalfa crezca rápido y sana, debe incidir sobre ella la luz del sol directa aproximadamente entre 6 y 8 horas. La temperatura óptima para su desarrollo oscila entre 18ºC y 28 ºC. Además, la semilla puede germinar a 2º C y con una subida de temperatura va creciendo de manera más rápida. Se debe tener en cuenta que las temperaturas mayores de 35 ºC pueden resultar perjudiciales para la planta.
Una vez iniciada la siembra deben pasar 3 meses para la cosecha, que se realiza cuando la alfalfa tiene las hojas verdes y frondosas.
Su necesidad hídrica depende mucho de las condiciones climáticas donde sea sembrada. Demanda poca agua durante la primavera y en verano sus requerimientos hídricos son más elevados. Tiene cero tolerancia al agua estancada, ya que se pueden llegar a pudrir las raíces con facilidad. Lo ideal para evitar que esto suceda, es contar con un suelo bien drenado. Se recomienda mantener las capas superficiales de la tierra siempre húmedas para evitar el encharcamiento. Así mismo, el mejor sistema de riego es por goteo.
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